Centro Escolar Presidente Lázaro Cárdenas
Izúcar de Matamoros, Puebla
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"La disciplina es el mejor amigo del hombre, porque ella le lleva a realizar los anhelos más profundos de su corazón"

 

 

 

la


hidrosfera

 

 

Así se denomina la parte del planeta ocupada por agua líquida (océanos, mares, lagos, ríos, faldas subterráneas…) y sólida (casquetes polares, glaciares y banquisas) un elemento que se extiende desde casi 8 km de altura (en la cima de las montañas más altas) hasta casi 11 km de profundidad (las fosas oceánicas). El agua de la hidrosfera está en continuo movimiento: corrientes, olas y mareas agitan mares, lagos y ríos, los glaciares se deslizan por las montañas, los iceberg flotan a la deriva empujados por el viento y las corrientes, y miles de riachuelos atraviesan las rocas, horadan grutas y disuelven sales en su camino hacia el mar.

Así, la hidrosfera modela la litosfera, la erosiona, transporta los detritos y los acumula hasta formar nuevas estructuras geológicas.
Agua puede ser encontrada en muchos lugares de la Tierra, incluyendo la superficie del planeta, debajo de las rocas de la superficie, y en la atmósfera. El agua viaja por las diferentes áreas de la Tierra a través del ciclo del agua. Cerca del 70% de la superficie de la Tierra está cubierta con agua, a la mayoría es el océano. Sólo una pequeña porción del agua de la Tierra es dulce, y se encuentra en ríos, lagos, y agua subterránea. El agua de la Tierra también es hogar de vida abundante, una importante fuente de alimentos. El agua dulce es necesaria para beber, para la agricultura y para lavar. Además del agua líquida, también hay agua presente en forma de hielo. Sin agua, no existiría la vida que conocemos
Dado que el agua tiene un elevado calor específico, la hidrosfera constituye un enorme depósito de calor e influye de forma determinante en los climas y los vientos de las tierras emergidas.


MARES Y OCÉANOS

 
 

 

 

 

 


Los mares son grandes masas de agua salada delimitadas por archipiélagos, grandes islas o penínsulas, o berrados por tierras relativamente cercanas entre sí. También hay grandes lagos de agua dulce que son muy extensos, profundos e importantes desde el punto de vista ambiental. Los océanos, mucho mayores, dividen los continentes y normalmente alcanzan una profundidad superior a la de los mares, cubren las plataformas continentales, en otras palabras, las zonas de fondos comprendidos entre el continente y la dorsal continental, un abismo sumergido con los pies en las grandes llanuras abisales.

Aunque mares y océanos estén unidos, pueden variar en cuanto a salinidad, densidad y temperatura. Ya sea por la fuerte evaporación o porque las sales se disuelven más fácilmente en agua caliente, las aguas tropicales son más saladas que las de los mares fríos o de las zonas cercanas a la desembocadura de grandes ríos. La salinidad más elevada es la del mar Rojo, con más del 40%, y la más baja, la del Báltico, con un 5%.
Mares y océanos se subdividen en función de la profundidad en zonas con características bastante homogéneas:
La zona enfótica (del griego eu, «bien», y fotós, «luz») comprende la primera capa, poco profunda, donde llega la luz solar; aquí viven muchas plantas y la oxigenación es máxima. Según la profundidad, se divide en zona hemipelágica (0-50 m de profundidad) y en zona mesopelágica (50-200 m), donde sólo llegan los rayos ultravioletas y la vegetación se reduce a las algas de color marrón rojizo.
La zona afótica («sin luz») comprende el resto del agua. Aquí la oscuridad es total. Según la profundidad, se subdivide en zona infrapelágica (200600 m de profundidad), rica en nutrientes por la cercanía de las costas y de la zona eufótica y poblada con mucha fauna íctica, y la zona batipelágica (2.500-11.000 m), casi desierta.
La presión del agua es proporcional a la profundidad y aumenta a razón de 10.000 hPa cada 10 m. A 200 m bajo el nivel del mar, cada centímetro cuadrado de superficie soporta un peso de 20,46 kg.
La temperatura decrece de forma irregular, con notables diferencias en función de la latitud: en el ecuador, la temperatura media superficial es de 30 °C, y baja a 15 °C a -250 m, a 8 °C a -500 m, a 5 °C a -1.000 m, y se estabiliza alrededor de los 5-0 °C a 4.000 m de profundidad. En el ecuador, la temperatura de la superficie polar, se registra a 4.000 m de profundidad.

 

Las mareas.

 

Supongamos que la Luna no girase alrededor de la Tierra, sino que la acompañase simplemente en su movimiento a través de los espacios. En este caso, la Luna saldría y se pondría diariamente, mas siempre a las mismas horas. Y de este modo, habría mareas diarias en todos los puntos del mundo, lo mismo que actualmente, siempre a la misma hora. La diferencia entre esto y lo que ocurre realmente es que la Luna se mueve alrededor de la Tierra, mientras ésta gira sobre su propio eje. Esto hace que la Luna salga y se oculte en cada lugar de la Tierra aproximadamente media hora más tarde cada día, y está comprobado que las mareas experimentan un retraso semejante.

La Luna, como el agua del mar, es una sustancia material, y es sabido que la materia atrae y, a su vez, es atraída por la materia. Este fenómeno ha recibido el nombre de gravitación universal. Entre la Tierra y la Luna existe naturalmente esta misma atracción mutua; pero como la mayor parte de la Tierra está cubierta de agua, y los líquidos no son rígidos, claro está que los efectos de esta atracción se harán especialmente sensibles sobre los distintos mares. Las aguas situadas enfrente de la Luna son atraídas por ella, y como la Tierra gira constantemente sobre su eje, se comprende que una ola tremenda debe desplazarse noche y día a través de los diversos océanos, siguiendo los movimientos de nuestro satélite. Si en la Luna hubiese mares, también habría en ella mareas debidas a la atracción de la Tierra; y como ésta es mucho mayor que aquélla, las mareas en la Luna serían enormes. Pero en la Luna no hay mareas, si bien es probable que existan los lechos de ciertos océanos, secos hace mucho tiempo. La acción de la Luna se reduce simplemente a atraer hacia sí las aguas existentes sobre la superficie de la Tierra, a medida que ésta gira y le presenta sucesivamente sus distintas superficies líquidas.
 

Las aguas del mar se mueven formando olas, mareas y corrientes.

   - Las olas son movimientos ondulatorios de la superficie del mar. Unas son originadas por el viento y otras por terremotos costeros o submarinos. En este segundo caso se forma una ola enorme y aislada que arrastra lo que encuentra a su paso y produce grandes destrozos.

   - Las mareas son elevaciones y descensos periódicos del nivel de las aguas del mar producidos por la atracción que ejercen la Luna y el Sol. Cada día se producen dos elevaciones del nivel de las aguas (pleamar o mar alta) y dos descensos (bajamar o mar baja). La mayor pleamar se produce cuando están en la misma dirección el Sol, La Tierra y la Luna. La atracción de la Luna, por estar más cerca, es mucho más intensa que la del Sol, que está más lejos de la Tierra.

   - Las corrientes son ríos marinos cuyo cauce es el mismo mar. Las corrientes se originan por el viento, las diferencias de temperaturas (de los mares más fríos a los más cálidos), la salinidad (de los mares más salados a los menos salados), el movimiento de rotación de la Tierra, etc.

Lagos y ríos

Los lagos constituyen importantes reservas de agua dulce. En función de su origen se dividen en lagos volcánicos, con forma circular; glaciares, irregulares y alargados; tectónicos, irregulares, producidos por los movimientos de la corteza terrestre (por ejemplo, el mar Muerto); costeros, formados también por agua salobre; cársticos; pelágicos, si son los restos de antiguos mares o golfos (como el mar Caspio); de aluvión, de barrera natural o artificial.
Los ríos pueden alimentarse de las precipitaciones atmosféricas (torrentes) o de los glaciares, caracterizados por un flujo constante de agua.
La cantidad de agua que circula por segundo a través de una sección de un curso de agua se llama caudal, y se mide en metros cúbicos por segundo (m3/s): es máximo durante el deshielo y mínimo en los periodos secos. Los afluentes que forman parte de la misma cuenca hidrográfica contribuyen al caudal.

 


 

 

 


El agua, al mismo tiempo que constituye el líquido más abundante en la Tierra, representa el recurso natural más importante y la base de toda forma de vida.

El agua puede ser considerada como un recurso renovable cuando se controla cuidadosamente su uso, tratamiento, liberación, circulación. De lo contrario es un recurso no renovable en una localidad determinada.

No es usual encontrar el agua pura en forma natural, aunque en el laboratorio puede llegar a obtenerse o separse en sus elementos constituyentes, que son el hidrógeno (H) y el oxígeno (O). Cada molécula de agua está formada por un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno, unidos fuertemente en la forma H-O-H.

En nuestro planeta las aguas ocupan una alta proporción en relación con las tierras emergidas, y se presentan en diferentes formas:

  • mares y océanos, que contienen una alta concentración de sales y que llegan a cubrir un 71% de la superficie terrestre;
  • aguas superficiales, que comprenden ríos, lagunas y lagos;
  • aguas del subsuelo, también llamadas aguas subterráneas, por fluir por debajo de la superficie terrestre.

Aproximadamente 97% del agua del planeta es agua salina, en mares y océanos; apenas 3% del agua total es agua dulce (no salina) y de esa cantidad un poco más de dos terceras partes se encuentra congelada en los glaciares y casquetes helados en los polos y altas montañas.

Distribución del agua